
Siento gratitud hacia todas las personas que, a lo largo de los siglos, alzaron sus voces y se organizaron para hacer de este país un lugar mejor. Ahora es nuestro turno; nos toca a nosotros.
Estamos celebrando los 250 años de la fundación de los Estados Unidos de América. Sí, celebrando, y espero que ustedes también lo hayan hecho.
Sé que este momento despierta muchas emociones contradictorias. Por un lado, este país es nuestro hogar. Algunos de nosotros no tenemos otro lugar adonde podemos ir. Algunos hemos elegido hacer aquí nuestro hogar, y otros todavía luchamos con los siglos de injusticia que nos trajeron aquí.
Sea cual sea el significado que esta celebración histórica tenga para usted, espero que se tome un momento para reflexionar —tal como yo lo he hecho— sobre lo que nos ha traído hasta aquí, y que encuentre la manera de aprender de quienes hallaron motivos para luchar por un futuro mejor en este país, a pesar de las numerosas injusticias que han marcado la trayectoria de nuestra nación. Con su esfuerzo, aquellos hombres y mujeres valientes nos abrieron el camino para estar hoy aquí.

La semana pasada, en espera de la decisión de la Corte Suprema sobre la ciudadanía por derecho de nacimiento, me puse a reflexionar sobre este camino recorrido. En primer lugar, siento gratitud hacia todas las personas que, a lo largo de los siglos, alzaron sus voces y se organizaron para hacer de este país un lugar mejor.
Los abolicionistas, las sufragistas y los líderes de los movimientos obrero y por los derechos civiles se organizaron incansablemente para ampliar nuestra democracia, e incluso dieron sus vidas para asegurar la aprobación de enmiendas a la Constitución que reconocieran los derechos de todas las personas, independientemente de su credo, color de piel o situación económica. Ellos me inspiran. Lo que vivimos hoy es una reacción violenta contra todo lo que ellos lograron conquistar.
Cuando se redactó la Declaración de Independencia en 1776, en la sala solo había hombres blancos. No había mujeres ni personas de color. A continuación les comparto algunos datos destacados de los siguientes 250 años:
El primer siglo: desde 1776 hasta la Guerra Civil, sufrimos la esclavitud violenta e institucionalizada de las personas negras para construir este país y su economía, junto con el genocidio de millones de indígenas y el desplazamiento de millones de mexicanos para arrebatarles sus tierras y dar paso a la expansión de la nación. Fue una época en la que quienes sufrían opresión, desplazamiento y esclavitud sacrificaron sus vidas para conquistar el derecho fundamental a existir, a ser considerados seres humanos dignos de aquello que la Declaración de Independencia prometía a todos en este país: «vida, libertad y la búsqueda de la felicidad».
El segundo siglo: ¡Con la Emancipación y la aprobación de la 14.ª Enmienda, finalmente triunfaron! Y, por primera vez en este país, los votos de todos los hombres —pero solo de los hombres— fueron contados. Luego, en 1920, tras un siglo de organización y gracias a la 19.ª Enmienda, las mujeres finalmente obtuvieron el derecho al voto también. Sin embargo, lo que siguió fue un siglo de violenta reacción destinada a arrebatarles estos derechos. Se promulgaron leyes con el fin de negar lo que se había conseguido. Durante la era de Jim Crow, la población negra fue perseguida y asesinada, y se le negó el derecho al voto. Pasaron casi otros cien años para volver a conquistar esos derechos.
El tercer siglo: Ya llevamos 61 años de nuestro tercer siglo como nación, el cual comenzó con la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1965. Esta norma estableció una amplia legislación federal para poner fin a la discriminación racial y a la supresión del voto —desmantelando así la era de las leyes Jim Crow— y nos otorgó muchos de los derechos de los que todos disfrutamos hoy en día. Sin embargo, esto también desencadenó otra reacción violenta, que es precisamente lo que estamos viviendo ahora.
El momento histórico que vivimos —con toda su turbulencia, violencia y abusos del poder gubernamental— es lo que se siente al vivir en medio de un momento de reacción adversa y violenta. El intento de negar la ciudadanía por derecho de nacimiento forma parte de esa reacción, pero es solo una faceta de lo que los enemigos de la democracia pretenden arrebatarnos. Quieren hacer retroceder el reloj al menos un siglo, hasta la época de las leyes de Jim Crow y el tiempo anterior a que las mujeres obtuvieron el derecho al voto.
Por eso nos están arrebatando el derecho al voto y el acceso a la atención médica, a la educación, a la justicia, a la igualdad racial y a la igualdad de género. Y, al igual que en la era de Jim Crow, están dispuestos a recurrir a la violencia. Algunos de nosotros —nuestros hermanos, hermanas, hijos y vecinos— estamos siendo secuestrados por hombres enmascarados, mientras que otros son intimidados o reciben disparos por protestar pacíficamente.
Lo cierto es que en este país siempre ha existido una minoría poderosa que rechaza la visión de una democracia para todos. Y, sin embargo, mantenemos la esperanza de lograr «una unión más perfecta»: un lugar con derechos y libertad para todos. ¿Por qué deberíamos creer esto, cuando nuestra historia como nación está llena de tantos intentos de negar esos derechos?
La respuesta se encuentra en nuestra Constitución, que comienza con estas palabras: «Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecemos la justicia».

Estas palabras fueron escritas por un tal Gouverneur Morris, uno de los pocos participantes en la Convención Constitucional de 1787 que exigió que la esclavitud llegara a su fin con la fundación de la nueva nación. Si bien al final, los esclavistas impusieron su visión en la primera versión de la Constitución, la visión inclusiva de Morris fue reivindicada en 1868, cuando la Enmienda 14 extendió la ciudadanía a todas las personas nacidas en el país. Esta es la visión inclusiva que la Corte Suprema acaba de ratificar al rechazar el intento del presidente Trump de poner fin a la ciudadanía por derecho de nacimiento.
Al igual que nuestros antepasados, luchamos una vez más por nuestra propia humanidad. Luchamos por nuestras familias, nuestros barrios y nuestras comunidades; por todos aquellos a quienes amamos. Luchamos por nuestra dignidad, por la decencia, por la justicia y por lo que es sagrado. Eso es lo que significa ser un verdadero estadounidense: creer que este país puede ser mejor cuando nos acogemos mutuamente y abrazamos nuestras diferencias.
Esto es exactamente lo opuesto a lo que quieren los enemigos de la democracia. Ellos buscan gobernar mediante la fuerza, el miedo y la división. Necesitan que dejemos de lado la empatía y la compasión, que nos volvamos unos contra otros y que miremos hacia otro lado cuando veamos que se hace daño a los demás.
Sin embargo, no apartaremos la vista ante la injusticia ni renunciaremos a la humanidad que compartimos. Esta es la mayor amenaza para el autoritarismo: el hecho de que quienes más han sufrido sigan aferrándose a la alegría y a la celebración. Nos negamos a permitir que nadie niegue nuestra humanidad.
Seguimos cuidándonos mutuamente y cuidando este lugar al que llamamos hogar, incluso cuando este quiere dejarnos fuera y negar nuestros derechos. Nuestro amor y preocupación por este país y por los demás son un recordatorio constante de que ser verdaderamente humano significa cuidar y mantener vínculos y relaciones con los demás.
De aquí a noviembre, Trump y sus aliados harán todo lo posible por socavar nuestra voz y nuestros votos. Por eso, en People’s Action estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para defender nuestras elecciones y garantizar que se cuente cada voto, ayudando así a proteger nuestra democracia y a cuidarnos mutuamente mientras aún estamos a tiempo.
Puede que sean poderosos, pero no tienen lo que nosotros tenemos: nuestro amor mutuo. Poseemos el poder de la solidaridad, el de personas que permanecen unidas pase lo que pase. Por eso creo que, incluso en estos tiempos difíciles, nosotros, el pueblo —un pueblo organizado y con corazón—venceremos.

