
Si hablamos directamente con los votantes que han perdido la fe en ambos partidos políticos sobre las preocupaciones en sus vidas diarias, podemos comenzar a reconstruir nuestra democracia.
Cada vez que oigo hablar de la cantidad de dinero que multimillonarios como Elon Musk inyectan en nuestras elecciones para destruir a los candidatos de base, resulta difícil no sentir que nuestra democracia está irremediablemente rota.
Pero cuando siento desmayar, me entero de la victoria —contra todos los pronósticos— de alguien como el Dr. Abdul El-Sayed, a quien los votantes de Michigan acaban de elegir como su candidato demócrata al Senado.

El Dr. El-Sayed es un médico y epidemiólogo, nacido y criado en Michigan. Dirigió el Departamento de Salud de Detroit, y defensor de Medicare for All. Acaba de derrotar una enorme campaña en su contra financiada con fondos de “dark money,” es decir donados por multimillonarios y grandes corporaciones, durante las elecciones primarias, la mayor de este tipo en la historia de Estados Unidos. Grupos de fuera del estado gastaron cerca de 70 millones de dólares para aplastar su campaña, difundiendo mentiras divisivas y superando su gasto en una proporción superior de diez a uno.
Y, sin embargo, a pesar de todas las mentiras que este gran capital pudo comprar, El-Sayed ganó. ¿Cómo lo logró? Llevando a cabo una campaña impulsada verdaderamente por la gente, ganando cada voto y cada conversación uno a uno. Con la ayuda de grupos que trabajan la base, como nuestra organización afiliada Michigan United Action, El-Sayed recorrió todo el estado, visitando más de 150 congregaciones y organizando 500 actos de campaña. Cientos de miles de voluntarios llamaron a más de 200.000 puertas en su nombre y realizaron más de un millón de llamadas telefónicas para hablar con los votantes sobre su mensaje sencillo acerca de lo que los habitantes de Michigan realmente necesitan: atención médica, vivienda, empleos y esperanza para el futuro.
La victoria de El-Sayed me recuerda cómo me sentí en 2010, cuando la decisión de la Corte Suprema sobre Ciudadanos Unidos eliminó los límites al gasto en elecciones de multimillonarios y corporaciones. Si bien Estados Unidos ya permitía que las grandes cantidades de dinero desempeñarán un papel más importante en la política que en la mayoría de países con democracias, cuales limitan estrictamente el gasto electoral y la publicidad, la decisión de Citizens United acabó con todas las pretensiones de equidad en nuestras elecciones.
Por aquel entonces, yo empezaba mi trabajo nacional como organizadora con People’s Action, y resultaba difícil para mí no desanimarme. Habíamos trabajado arduamente para desarrollar una nueva visión política para el país —impulsada por el poder de la gente— que apoyaba a candidatos provenientes de nuestras propias comunidades y que promovieran soluciones a los problemas de nuestra vida cotidiana.
Fueron nuestros miembros y líderes de base quienes restauraron mi fe en la democracia en ese tiempo. Recuerdo claramente a un líder en una reunión en Chicago que me recordó: “Ahora tienen acceso ilimitado al dinero, pero todavía nos tenemos unos a otros y nuestra capacidad de organizarnos”.

Desde 2010, hemos ayudado a elegir a cientos de funcionarios en todos los niveles de gobierno —incluidos el Senado y la Cámara de Representantes de los EE. UU.— mediante campañas de base. Al hacerlo, hemos creado una vía para que candidatos de nuestras comunidades surjan y se desarrollen como líderes electos.
People's Action Power se enorgullece de apoyar al Dr. El-Sayed en Michigan, junto con Will Lawrence y Donavan McKinney, quienes se postulan para el Congreso. Como acaban de demostrar los votantes de Michigan, la gente organizada confirma una y otra vez que podemos descifrar entre la propaganda para ver la verdad. Y cuando nos organizamos con nuestros vecinos y comunidades, aún podemos vencer a los multimillonarios codiciosos.

Este es lo que vemos en Wisconsin, adonde Citizen Action of Wisconsin (CAWI) acaba de contribuir a la elección de la jueza Chris Taylor para la Corte Suprema del estado, reforzando así la mayoría progresista en un órgano que desempeñará un papel clave en la certificación de los resultados electorales. Asimismo, apoyan a Francesca Hong, una representante estatal que, al igual que El-Sayed, se enfrenta a un gasto masivo por parte de grupos de “dark money” que buscan socavar su campaña.
"Este movimiento se basa en la aspiración, en la idea de que podemos hacer que la democracia beneficie a la gente", dice Robert Kraig, director ejecutivo de CAWI, en este vídeo. "Que podemos hacer de la atención médica un derecho, que podemos abordar la crisis climática, que no necesitamos construir todos estos centros de datos en todas partes de la peor manera posible contra la opinión pública sólo porque las grandes empresas tecnológicas y las grandes empresas de combustibles fósiles nos lo dicen. Así que lo que les pido que hagan es dejar de lado todos estos confusos argumentos retrospectivos sobre lo que hace que los candidatos sean elegibles, y apoyarse en la forma en que es el público. Apoyarse en lo que los tiempos exigen, y apoyarse en quién representa mejor los valores que usted tiene".
Multimillonarios como Musk, que gastó 291 millones de su propio dinero para elegir a Trump y a los candidatos republicanos en 2022, ya han anunciado sus intenciones de gastar aún más este año para mantener el control del Congreso. También está en marcha una campaña para intimidar a los votantes y cuestionar el resultado de las elecciones, incluso antes de que se emitan nuestros votos.
Y, por si el fallo de *Citizens United* no fuera suficiente, la Corte Suprema acaba de facilitar aún más que los partidos políticos gasten cantidades ilimitadas para elegir candidatos, agravando así la influencia corrosiva del gran capital en nuestro sistema político.
¿Cómo construimos una estrategia ganadora para derrotar al gran capital?
Lo haremos en mantenemos totalmente centrados en los problemas que afectan a todos nuestros hogares: el aumento de los precios de la energía y los alimentos, y el hecho de que nuestro gobierno no garantiza ni siquiera una atención médica básica a la mayoría de los estadounidenses, mientras recorta los servicios de cuidado infantil y la ayuda alimentaria para financiar bombas en el extranjero y la cruel maquinaria de deportación de Trump en el país. Esta fue la clave del éxito de estos candidatos. Ellos transmiten un mensaje de sentido común que logra abrirse paso a través de toda la propaganda que el gran capital puede comprar.
Si seguimos el ejemplo de candidatos como estos y hablamos directamente con los votantes que han perdido la fe en ambos partidos políticos sobre las preocupaciones en sus vidas diarias, podemos comenzar a reconstruir nuestra democracia. Es por eso que Acción Popular y nuestros aliados están trabajando juntos para tener más de un millón de conversaciones con votantes potenciales sobre los temas que más les importan antes del día de las elecciones.
¿Cuál es nuestra herramienta más poderosa para defender la democracia? Créalo o no, son —todavía— nuestros votos. Y es que uno de cada tres votantes habilitados —unos 89 millones de personas— no votó en absoluto en las elecciones generales de 2024. Si logramos movilizar aunque sea a una fracción de estos votantes para que dejen de mantenerse al margen, podremos conseguir los márgenes de victoria indiscutibles que necesitamos para frenar a los autoritarios y empezar a exigirles responsabilidades.
La democracia no muere por sí sola. Sucede por diseño y por las decisiones que tomamos como individuos, políticos e instituciones.
Necesitamos incorporar a millones de personas nuevas a nuestro proceso electoral, personas como mi hija menor. Ella ha votado en todas las elecciones desde que tuvo derecho a hacerlo, pero esta vez fue más allá: se aseguró de que todos sus amigos emitieran su voto y les dijo exactamente por quién votar y por qué.
Debemos organizarnos con antelación, ofrecer nuestro tiempo como voluntarios y aportar dinero —tanto o tan poco como podamos—; debemos hacer lo que nunca antes hemos hecho y hacerlo todo de manera constante hasta que se cuente cada uno de nuestros votos.
Porque hará falta esto y mucho más para mantener viva nuestra democracia, mientras aún estemos a tiempo de salvarla. Si permitimos que nuestro país siga deslizándose hacia la autocracia, hará falta décadas —o generaciones— para recuperarse, si es que alguna vez lo logra.
Así que, desde ahora hasta este mes de noviembre, organízate para votar como si la vida de tu familia y el futuro de nuestro país dependieran de ello: porque lo es.
